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sábado, 27 de junio de 2015

Invasiones inglesas a Buenos Aires

Al promediar la primera década del siglo XIX los conflictos europeos tuvieron un episodio militar en tierras sudamericanas. Fruto de la lucha sostenida desde años atrás por Francia e Inglaterra a la que se vio arrastrada España fueron los ataques británicos contra la capital del virreinato rioplatense, en 1806 y 1807. Para los pobladores de este sector de América estos sucesos tuvieron una importancia mayor: constituyeron uno de los factores desencadenantes de los trascendentales acontecimientos de la Revolución de 1810.

Primera Invasión 

La Primera Invasión inglesa ocurrió en 1806, cuando las tropas británicas invadieron y ocuparon la ciudad de Buenos Aires, por entonces capital del Virreinato del Río de la Plata para ser vencidas 45 días después por un ejército proveniente de Montevideo comandado por Santiago de Liniers (Reconquista).

02/01/1806. Arriba al puerto de la Ensenada de Barragán el barco mercante Espíritu Santo. Su capitán, Francisco Paula de Fernández informa al Capitán Santiago de Liniers, haber visto una flota británica en las costas de Brasil. Liniers recibe la orden de armar una flota para proteger las costas.

19/01/1806. El teniente general David Baird recaptura para la Corona Británica la colonia holandesa de Cabo de Buena Esperanza con la misma flota que había causado alarma en el Río de la Plata. Por entonces, Francia se consolida como potencia hegemónica europea.

14/04/1806, la flota británica cruzó el Atlántico, en dirección al Río de la Plata. Baird nombró general al coronel William Carr Beresford para que liderase el ataque a Buenos Aires. La escuadra llegó a Santa Elena el 29 de abril, y el almirante Sir Home Riggs Popham logró que el gobernador de la isla le prestara 280 soldados para su misión, y envió una carta a Londres, dando a conocer los motivos por los cuales se dirigía a Sudamérica y basó sus argumentos en el memorándum de 1804. Lo que Popham desconocía era que Pitt (el primer ministro) había muerto recientemente y que en su lugar había asumido William Wyndham Grenville, del partido opositor. 

William Carr Beresford
Mayo de 1806, Popham envió a la fragata HMS Leda para sondear el río. El 19 de mayo el capitán envió a un oficial y tres marineros con un bote a las costas cerca de Santa Teresa, para que tomasen notas de las costas y la zona, pero son capturados por una partida de milicianos, y trasladados a Buenos Aires.

08/06/1806, la flota británica fue avistada frente a Montevideo.

24/06/1806, Beresford amagó un desembarco en Ensenada, realizando maniobras frente a Punta Lara y abriendo fuego contra las fortificaciones.

25/06/1806 unos 1.600 hombres al mando de Beresford, entre ellos el Regimiento 71 de Highlanders, desembarcó en las costas de Quilmes.


26/06/1806, tropas de Buenos Aires, bajo el mando del coronel Pedro de Arze rompió fuego frente al invasor para luego retirarse luego de una fuerte descarga británica. 

Rafael de Sobremonte, virrey del Río de la Plata, intentó una estrategia de defensa, armando a la población y apostando a sus hombres en la ribera norte del Riachuelo, confiando en poder atacar a los británicos de flanco. Pero el reparto de armas fue un caos, y las tropas no pudieron detener el rápido avance inglés; de modo que el virrey quedó fuera de la ciudad, sin posibilidad de intentar nada.

27/06/1806, Buenos Aires cae en poder de los británicos, quienes desfilan por la Plaza Mayor enarbolando la bandera del Reino Unido (permanecerá durante 46 días).

A excepción de Manuel Belgrano, los demás miembros del Consulado juran reconocimiento a la dominación británica. Belgrano prefirió retirarse “casi fugado”, según sus propias palabras, a la banda oriental del Río de la Plata, a vivir en la capilla de Mercedes, dejando en claro su postura al pronunciar su célebre frase: “Queremos al antiguo amo o a ninguno“.

27/06/1806, Sobremonte se retira a Córdoba. Beresford demandó la entrega de los caudales del Estado y advirtió a los comerciantes porteños que en caso contrario retendría las embarcaciones de cabotaje capturadas e impondría contribuciones. El Cabildo no vaciló en enviar una comisión a Sobremonte rogándole entregara el tesoro a un destacamento inglés enviado en persecución del mismo. Éste tesoro fue trasladado a Londres y paseado como trofeo de guerra, antes de ser depositado en un banco.

14/07/1806, Sobremonte declaró a Córdoba la capital provisoria del virreinato mientras trata de organizar una fuerza armada para recuperar Buenos Aires.

Los porteños estaban, en general, descontentos con la metrópoli, y por tanto, en un primer momento los británicos fueron recibidos con entusiasmo. Una de las primeras medidas que tomó Beresford fue decretar la libertad de comercio y de reducción de aranceles.

01/08/1806, una guerrilla amparada por el rico comerciante español Martín de Álzaga, en los caserios de Perdriel y comandada por Juan Martín de Pueyrredón fue derrotada por una fuerza inglesa de 550 hombres.

Nuevas tropas arriban a Buenos Aires comandadas por Liniers para la reconquista. Desde Montevideo, y con la ayuda de su gobernador , el francés organizó un ejército que partió el 23 de julio para Colonia y el 3 de agosto fue embarcado en una flota de 23 naves hacia Buenos Aires para la reconquista.

12/08/1806, Liniers avanzó sobre la ciudad desatando una batalla campal en distintas calles de Buenos Aires, hasta acorralar a los británicos en el Fuerte de la ciudad.

20/08/1806, Beresford firma la capitulación. Reconquistada la ciudad, la Real Audiencia de Buenos Aires asume el gobierno civil entregándole la Capitania General a Liniers.

"La Reconquista de Buenos Aires" (óleo de Charles Fouqueray, 1909). William Carr Beresford entrega su espada a Santiago de Liniers pero no se la recibe; entre ambos, el capitán de fragata Juan Gutiérrez de la Concha, futuro gobernador intendente de Córdoba del Tucumán.



Guión del Regimiento N.º 71 Highlanders exhibido al público como trofeo de guerra en el Museo Histórico Nacional del Cabildo y de la Revolución de Mayo.

Segunda Invasión

La 2ª Invasión Inglesa ocurrió en 1807, cuando las tropas británicas, luego de tomar Montevideo, fueron rechazadas cuando intentaron ocupar Buenos Aires, por las fuerzas defensoras, que se componían no sólo de las tropas oficiales al servicio del rey español, sino también de numerosas milicias urbanas.

06/09/1806, tras la capitulación de Beresford y ante la posibilidad de una nueva invasión, Liniers emitió un documento instando al pueblo a organizarse en cuerpos separados según su origen.

La voluntad de precaverse frente a la posibilidad de otros ataques, centrada en las figuras de Liniers y de Martín de Álzaga, permitiría alcanzar los laureles de una magnífica victoria. 

Los nativos constituyeron cinco fuertes batallones de infantería. Los Patricios reunían a los vecinos de Buenos Aires; los Arribeños, a los de las provincias del interior. Además se organizaron seis escuadrones de caballería, un batallón de granaderos provinciales y otro de cazadores correntinos, además de un cuerpo de artillería, compuesto por hijos de la tierra, en que se mezclaban blancos, pardos, indios y negros.

En cuanto a los españoles, se dividieron en cinco tercios: Andaluces, Cántabros, Catalanes, Gallegos y Montañeses, sin que cada uno fuera exclusivo de la región que representaban, pues ingresaron oriundos de otros lugares e hijos de peninsulares nacidos en el Virreinato. Por su parte, el Cabildo equipó su propio cuerpo de artillería, denominado de la Unión. Además, para la hora de la lucha, estuvieron codo con codo la marinería y fuerzas de desembarco del Apostadero Naval de Montevideo.

Los soldados elegían a sus oficiales, y éstos a los jefes. Pero dicho procedimiento no afectó la disciplina en las diversas circunstancias.

Cada unidad contaba con vistosos uniformes, adquiridos con el peculio de sus propios integrantes, quienes se hacían cargo de solventar el vestuario de los soldados que no contaban con recursos para adquirirlo. Las banderas distintivas de los cuerpos eran también producto del aporte económico de sus miembros. Cornelio Saavedra, Juan Martín de Pueyrredón, Martín Rodríguez, Manuel Belgrano, Francisco Antonio Ortiz de Ocampo y otros hombres de Mayo de 1810, recibirían su bautismo de fuego en las jornadas de 1806 y 1807.

Excepto los marinos del Apostadero, casi todos debieron capacitarse en las artes de la guerra, pues hasta entonces, salvo en contadas ocasiones, habían sido convocados sólo en forma circunstancial. Y Liniers, el que mayor capacidad militar tenía, aunque fuese más ducho a las refriegas navales que a los combates terrestres, supervisó cada movimiento, para cerciorarse de que los jefes y oficiales se regían por una misma táctica para la lucha y empleaban voces de mando iguales para ordenar los respectivos movimientos y evitar de ese modo las confusiones en el combate.

Los veteranos británicos, no encontrarían un puñado de atolondrados sino hombres orgullosos y decididos, con una instrucción capaz de darles eficaz batalla.

Santiago de Liniers
la flota británica continuó en el Río de la Plata a la espera de los refuerzos que había solicitado a Inglaterra, mientras que el comodoro Popham mantenía bloqueado los puertos de Buenos Aires, Montevideo y Maldonado.

Julio 1806, el vicealmirante Sir Charles Stirling es designado comandante del navío HMS Sampson con la orden de transportar tropas británicas para ayudar a Popham.

22/09/1806, el gobierno británico decidió por primera vez la conquista de Montevideo y de Buenos Aires. Pocos días después, arribó a Londres el botín obtenido durante la primera invasión, que fue paseado en carretas por la ciudad y festejado por sus habitantes.

Octubre 1806, llegan al mando del teniente coronel Backhome 1400 hombres del regimiento 47 de infantería. Tras un leve bombardeo a Montevideo, Popham decidió atacar Maldonado.

29/10/1806, los británicos desembarcaron en Maldonado y en la isla Gorriti y luego de 3 días tomaron control de ambos enclaves. La ciudad fue saqueada y sus habitantes apresados.

05/01/1807, Samuel Auchmuty llegó al Río de la Plata con una expedición oficial de 4.300 hombres. Por entonces, Sobremonte había llegado a Montevideo con una fuerza de caballería de 2.500 cordobeses. Sin embargo, el Cabildo de esta ciudad impidió la entrada del virrey y puso en manos de Pascual Ruiz Huidobro la defensa.

14/01/1807, se apostó frente a Montevideo una escuadra británica de 100 velas repletas de manufacturas británicas y que ahora contaba con casi 6.000 hombres al mando del vicealmirante Stirling (que venía a reemplazar a Popham).

16/01/1807, Auchmuty desembarcó a 10 kilómetros de Montevideo, muy cerca del sitio en el que se apostaba la fuerza de Sobremonte, quien luego de pedir fuerzas a la plaza abandonó la batalla. Ruiz Huidobro contaba con una guarnición de tan sólo 3.000 hombres que salieron a resistir el ataque de manera desorganizada mientras el gobernador solicitaba el auxilio de Buenos Aires.

02/02/1807, los británicos lograron abrir una brecha a través del portón de San Juan, una de las dos puertas de acceso a la ciudad.

03/02/1807, los británicos logran ocupar la ciudad. Liniers había decidido cruzar el río con unos 3.000 milicianos cuando ya era tarde, por lo que debió volver a Buenos Aires.

Marzo 1807, el coronel Denis Pack ocupa la plaza de Colonia del Sacramento. Al tomar conocimiento de estos hechos, Liniers envió al recién llegado de España coronel Francisco Javier de Elío.

22/04/1807, el ataque español es rechazado y Elío se ve forzado a regresar a Buenos Aires. 

05/02/1807, llega a Buenos Aires la noticia de la caída de Montevideo. Al conocerse la actuación de Sobremonte, se avivaron las protestas públicas y las pintadas en contra del virrey.

10/02/1807, se convocó a cabildo abierto en Buenos Aires, que, reunido como Consejo de Guerra decreta, en un hecho sin precedentes, la destitución del Virrey Sobremonte, su detención, y la designación de Liniers en su lugar. Para evitar que trascendiera el hecho de que por voluntad del pueblo se había destituido a un virrey, la Audiencia enmarcó los hechos dentro del ámbito jurídico colonial, comunicando que Sobremonte había renunciado al cargo por cuestiones de salud.

Rafael de Sobremonte
Asimismo, la Junta ordenó el envío de Beresford (el comandante de la primera invasión, preso en Luján) a Catamarca ya que éste mantenía contacto con grupos criollos promotores de la ideas independentistas. Sin embargo, los oficiales que trasladaban a Beresford fueron interceptados por un grupo de criollos, que lograron que el jefe inglés les fuera entregado. Los criollos mantuvieron oculto al general inglés hasta que fue clandestinamente embarcado en el puerto de Buenos Aires el navío HMS Charwell enviado desde Montevideo con mensajes para las autoridades. El objetivo de esta misión era negociar la rendición de Buenos Aires para evitar una batalla sangrienta. Sin haber llegado a un acuerdo, Beresford rechazó la oferta de comandar la expedición a la capital virreinal y se embarcó hacia Londres.

Marzo 1807, el HMS Thisbe partió de Inglaterra hacia Montevideo con el teniente general John Whitelocke, nombrado comandante de las fuerzas británicas, con la orden del gobierno británico de capturar Buenos Aires.

10/05/1807, Whitelocke llega a Montevideo.

17/06/1807, el ejército de Whitelocke, compuesto de unos 11.000 hombres, parte rumbo a Colonia.

28/06/1807, los británicos desembarcan en Ensenada y luego de desbaratar a una fuerza local muy inferior en número, sitiaron la capital virreinal. Mientras tanto, había llegado al virreinato la resolución de la corte española declarando a Ruiz Huidobro virrey interino. Sin embargo, el gobernador había sido embarcado hacia Londres luego de la caída de Montevideo. Por lo tanto, Liniers, siendo el militar de mayor rango presente fue nombrado en reemplazo de Huidobro por la Audiencia.

El ejército británico avanzó con dificultades los 50 kilómetros que separaban el lugar escogido para el desembarco y la capital. El ejército del flamante virrey interceptó el primer avance del enemigo cerca de Miserere, pero la brigada de la vanguardia comandada por Robert Craufurd logró dividir y hacer retroceder a los hombres de Liniers en un breve combate. Al caer la noche, el combate cesó y muchos milicianos se retiraron a sus casas.

Parecía que todo estaba perdido, pero Whitelocke decidió esperar; suspendió el avance de Craufurd hacia la ciudad y exigió rendición inmediata. Les dio a los porteños tres días, que los criollos utilizaron para organizarse militarmente. El alcalde de Buenos Aires, Martín de Álzaga ordenó montar barricadas, pozos y trincheras en las diferentes calles de la ciudad por las que el enemigo podría ingresar. Reunió todo tipo de armamento, y continuó los trabajos en las calles bajo la luz de miles de velas.

05/07/1807, la totalidad del ejército británico volvió a reunirse en Miserere. Confiado de la supremacía de su ejército, Whitelocke dio la orden de ingresar a la ciudad en 12 columnas, que se dirigirían separadamente hacia el fuerte por distintas calles. En un alarde innecesario, llevaban orden de no disparar sus armas hasta llegar a la Plaza de la Victoria. 

Sin embargo, los invasores se enfrentaban a una Buenos Aires muy diferente al que se había rendido ante Beresford. Según cuenta la tradición popular, los vecinos arrojaron piedras y aceite hirviendo sobre las cabezas de los invasores. Lo cierto es que Liniers y Álzaga habían logrado reunir un ejército de 9.000 milicianos, apostados en distintos puntos de la ciudad. El avance de las columnas se vio severamente entorpecido por las defensas montadas, el fuego permanente desde el interior de las casas y desinteligencias y malos entendidos entre los comandantes británicos. Whitelocke vio como sus hombres eran embestidos en cada esquina. Mediante la lucha callejera, los vecinos de Buenos Aires superaron la disciplina de las tropas británicas. Tras una encarnizada lucha, Whitelocke perdió más de la mitad de sus hombres entre bajas y prisioneros.

Cuando la mayoría de las columnas habían caído, Liniers exigió la rendición. Craufurd, atrincherado en la iglesia de Santo Domingo, rechazó la oferta y la lucha se extendió hasta pasadas las tres de la tarde. Whitelocke recibió las condiciones de la capitulación hacia las seis de la tarde ese mismo día.

07/07/1807, el general inglés comunicó la aceptación de la capitulación propuesta por Liniers y a la cual –por exigencia de Álzaga– se le había añadido un plazo de dos meses para abandonar Montevideo. Las tropas británicas se retiraron de Buenos Aires; abandonarían la banda oriental recién el 9 de septiembre.
De regreso al Reino Unido, una corte marcial encontró a Whitelocke culpable de todos los cargos excepto uno y fue removido de su función, al declarársele incapaz de servir a la Corona inglesa. Uno de los factores determinantes para esta decisión, fue el hecho que el general hubiera aceptado la devolución de Montevideo dentro de los términos de la rendición.

Consecuencias

El pueblo adquirió conciencia de sus propias fuerzas. El poderosos y aguerrido ejercito ingles había sido derrotado por milicias populares. Quedó en evidencia la eficacia de las milicias del imperio español para defender a sus territorios en el contexto de los conflictos internacionales de la época. Pero la participación de las milicias en la Reconquista de 1806 primero y al año siguiente en la Defensa fortaleció el poder y la popularidad de los líderes criollos militares e incrementaron la influencia y el fervor de los grupos independentistas. Paralelamente, estos motivos convirtieron a las Invasiones Inglesas en uno de los catalizadores de la causa emancipadora en el Virreinato del Río de la Plata.

Tanto la Reconquista como la Defensa de Buenos Aires ante las Invasiones Inglesas tuvieron un lugar relevante como antecedente inmediato de la Revolución de mayo de 1810 que dio inicio al proceso de Independencia de la Argentina. Durante su curso, por primera vez prevaleció la voluntad del pueblo sobre el mando del Rey de España, cuando los vecinos de Buenos Aires, mediante el cabildo abierto del 10 de febrero de 1807 dispusieron la suspensión de Sobremonte. Esto señaló el comienzo de la gran crisis política que lenta y gradualmente llevaría a la revolución -hecho excepcional en los anales de la historia hispanoamericana- para elegir al francés Santiago de Liniers en su lugar. Asimismo, la creación en esa ocasión del Regimiento de Patricios, como milicias populares voluntarias, y la elección por parte de los propios milicianos del potosino Cornelio Saavedra —futuro presidente de la Primera Junta patria— como jefe del cuerpo, sentaron las bases de un ejército patriota capaz de alzarse contra las tropas realistas. 

Estos hechos se desarrollaron en un contexto histórico más amplio, de disputas territoriales en América, entre el Reino Unido, el Imperio español, Portugal, Francia y más tarde los Estados Unidos, en un período que se extendió desde la fundación de Colonia del Sacramento en 1680, hasta el reconocimiento por parte del Reino Unido de la Independencia Argentina con la firma de un tratado de paz y comercio en 1825, luego de la declaración de la Doctrina Monroe. Estos tratados no evitarían nuevos intentos de expansión del colonialismo británico sobre el Cono Sur de América que se produjo con la Invasión inglesa a las Islas Malvinas en 1833.

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