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sábado, 5 de diciembre de 2015

5 de diciembre de 1484 - El papa Inocencio VIII inicia la persecución de la brujería

El papa Inocencio VIII va a ser una figura clave en la historia de la brujería, pues fue quien el 5 de diciembre de 1484 promulgó el documento que abrió la puerta a la persecución: la bula titulada Summis desiderantes affectibus. (Deseando con la más profunda ansiedad)

Inocencio VIII, elegido Papa el 29 de agosto de 1484, intentó como primera medida la organización de una cruzada contra los turcos, pero su llamada a los monarcas cristianos resultó infructuosa al estar estos enzarzados en luchas entre ellos.

Preocupado por la brujería, promulga, el 5 de diciembre de 1484, La obra por la que pasó a la Historia. la bula Summis desiderantes affectibus en la que reconoce su existencia, derogando así el Canon Episcopi de 906 donde la Iglesia sostenía que creer en brujas era una herejía. Envía a Alemania a los inquisidores Heinrich Kramer y Jacob Sprenger (“el apóstol del rosario”) donde se realizará la que es considerada como la primera “caza de brujas” de la historia. Esta bula papal será la base para que los dominicos publiquen, en 1487, la obra Malleus Maleficarum o “Martillo de las brujas”,  que aunque nunca ha sido reconocida por la Iglesia, se convertirá en el texto básico para la descripción, caza, enjuiciamiento, tortura, quema, condena y castigo de aquellas y aquellos a quienes la iglesia consideraba brujas. 

En la bula Summis Desiderantes, declaró la guerra sin cuartel a las brujas, reiniciando con fuerza las grandes oleadas de persecuciones en toda Europa por parte de la Inquisición contra miles de personas (especialmente de mujeres) acusadas de brujería . El "Martillo de las brujas", como se conoce al libro Malleus Maleficarum, tratado escalofriante redactado por dos inquisidores alemanes como fundamento jurídico y teológico en esta cruzada por encargo de Inocencio VIII, que fue el manual de cabecera de torturadores y asesinos para exorcizar y quemar a cualquier sospechosa de tratos con el diablo.  Naturalmente, el reconocimiento oficial de la existencia de la brujería conmocionó al mundo cristiano, pues en ella hallaba un nuevo y poderoso enemigo. Las medidas que adoptó la Iglesia no pudieron ser más descabelladas: Se condujo a la hoguera indiscriminadamente a más de 60.000 personas en toda Europa, acusadas de practicar la brujería

Apegado al partido aragonesista, cuyo principal interlocutor en la Curia era el cardenal Rodrigo Borgia, futuro papa Alejandro VI, continuó como su antecesor impulsando la Inquisición en los reinos de Castilla y Aragón, nombrando en 1487 a Tomás de Torquemada como gran inquisidor de España. Aquel mismo año, concedió al embajador castellano, el Gran Tendilla, la continuidad y ampliación de la bula de Cruzada como ayuda financiera en las guerras contra el reino nazarí de Granada.

La conquista de Granada a manos de los reyes Isabel y Fernando hizo que el Papa les concediera el título de “Católica majestad”, con lo que a partir de entonces fueron conocidos como los Reyes Católicos.

en el verano de 1490, dos años antes de su fallecimiento, Inocencio VIII estaba muy preocupado por la situación de los musulmanes en el Mediterráneo por ello decidió formar una nueva cruzada que neutralizara al enemigo y tomara Tierra Santa.

Su pontificado estuvo caracterizado por el nepotismo. Por supuesto, y como es tradición, este Papa contaba con unos cuantos hijos bastardos, aunque sólo reconoció dos: una hija y un hijo (Franceschetto, a quien hizo cardenal con 13 años, montó un palacio y cubrió de fortunas).

Hay quienes aseguran que existen datos que harían presumir que Cristóbal Colón pudo haber sido un hijo ilegítimo del mentado Papa.

Inocencio VIII padecía hidropesía, una insuficiencia renal crónica que en los últimos años de su vida lo mantenía prácticamente postrado en su lecho, con algunos momentos de lucidez y otros de autentico malestar. En sus últimos días apareció por Roma, surgido de no se sabe dónde, un médico judío, aunque tampoco se sabe si esto es cierto del todo, pues ya se sabe que es muy fácil culpar a los judíos de todos los males. Este judío aconsejó, tras hacerle varias sangrías, que el remedio para su enfermedad sería cambiar su sangre por una sangre más joven, y para ello encontraron a tres "voluntarios" cuyas familias dieron su consentimiento a cambio de un ducado de oro para que diesen voluntariamente la sangre al papa que estaba a las puertas de la muerte. Lo que no se contó fue cómo se extrajo la sangre a los niños de diez años, a los que probablemente cortasen la carótida falleciendo por hemorragia a las pocas horas, tres víctimas inocentes para salvar a Inocencio VIII. Como las investigaciones sobre la circulación de la sangre no se habían iniciado prácticamente, el desconocimiento sobre la misma era total y la forma de introducir la sangre nueva en el papa fue por vía oral. La operación no resultó como se esperaba, los cóagulos de sangre hicieron más complicada la operación, y la transfusión vía oral tampoco, el papa terminó falleciendo.

A pesar de todo esto, este Papa, como todos los habidos en la ilustre historia de la Iglesia Católica, tiene su propio sitio: un mausoleo en la misma Basílica de San Pedro (Vaticano).


Inocencio VIII, a pesar de su débil salud (padecía de anemia) tuvo el coraje y la fuerza para no quedarse atrás respecto a su antecesor en cuanto a felonía e iniquidad. La mala situación económica heredada, así como la disminución de territorios e influencia política que supuso la pérdida de la guerra contra Nápoles, provocó que este Papa continuara al por mayor con la costumbre de la venta de indulgencias.