viernes, 28 de agosto de 2015

La independencia de Uruguay

En agosto de 1825 los orientales se declararon independientes de Brasil y unidos a las provincias argentinas. Pocos meses después, el gobierno argentino reconoció la incorporación de la Provincia Oriental y eso provocó que Brasil le declarase la guerra.

El conflicto entre los dos países se prolongó por tres años y dificultó el comercio de la región. Esto le generaba muchos problemas a Gran Bretaña, que no solo no podía comprar materias primas sino que no podía vender productos en el Río de la Plata ni en las zonas vecinas, a las que accedía por la cuenca platense. Por ese motivo, los diplomáticos británicos mediaron entre Brasil y Argentina para solucionar el conflicto. 

Tanto las Provincias Unidas como Brasil buscaban quitarle al otro el control sobre la Provincia Oriental, en especial sobre el puerto de Montevideo. Fue la mediación británica la que propuso la opción de la independencia del Estado oriental, de modo que no quedara en poder de ninguno de los dos. Sobre esta condición se realizaron las reuniones para definir las condiciones de la paz.

En agosto de 1828 se reunieron delegados de los gobiernos de Brasil y las Provincias Unidas. No hubo delegados orientales; en cambio sí participaron algunos diplomáticos ingleses. Discutieron acerca de cómo se realizaría la declaración de independencia. Se resolvió que lo hicieran por igual el emperador de Brasil y el gobierno de las Provincias Unidas.

También se discutió si la independencia sería definitiva o temporaria. La propuesta fue que hubiera una especie de período de prueba hasta 1835, en el que los vecinos podrían auxiliar al nuevo Estado si estallaba la guerra civil. Por último, la Convención establecía que Brasil y las Provincias Unidas debían aprobar la Constitución del nuevo Estado antes de que se ratificara.

Aunque los uruguayos festejan el 25 de agosto como el día de la independencia del Uruguay, muchos historiadores no comparten dicha fecha. Consideran que las leyes del 25 de agosto de 1825 no plantean la independencia del país. Si bien una de esas leyes, la llamada “ley de independencia”, se refiere a la independencia de “la Provincia Oriental”, es con respecto al país que estaba dominando esta provincia (Brasil), pero con la intención de que la provincia pase a ser parte de otro país: las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Así lo establece claramente el texto de la “ley de unión”: “...Queda la Provincia Oriental del Río de la Plata unida a las demás de este nombre”. A fines de ese año el Congreso Constituyente reunido en Buenos Aires acepta la “reincorporación de la provincia”; y Juan Antonio Lavalleja dice “ya estamos incorporados a la gran Nación Argentina”. ¿Cuándo se independiza Uruguay? Si buscamos una fecha determinada podría el 27 de agosto de 1828. Ese día se firmó la Convención Preliminar de Paz entre Brasil y las Provincias Unidas del Río de la Plata en la cual ambos países terminaban la guerra que tenían por la Provincia Oriental renunciando a poseer su territorio. La propuesta de que la Provincia Oriental no quedase en poder de ninguno de los dos países, y por lo tanto no se cumplía el deseo de las leyes del 25 de agosto de ser parte de la “Nación Argentina”, provino del inglés John Ponsomby. Aceptar esto es como decir que la independencia de Uruguay es un regalo que hicieron los países vecinos o que el Uruguay es un invento inglés, lo que es chocante para aquellos que buscan afirmar el nacionalismo y la identidad de los uruguayos.

En el siglo XX al plantearse festejar el centenario del Uruguay los legisladores blancos intentaron celebrarlo en 1925 centenario de 1825 porque 1825 fue año donde se habían destacado las figuras de los que años después serían caudillos blancos, Juan Antonio Lavalleja y Manuel Oribe. Los legisladores colorados propusieron el año 1930, año en que comienza la primera presidencia, y el primer presidente fue Fructuoso Rivera, fundador del Partido Colorado. De esta manera se sumaba una nueva fecha a la polémica: el año 1830, año en que entró en vigencia la primera constitución del Uruguay y se designa al primer presidente. El argumento era que un país no es totalmente independiente hasta que tiene su propia forma de gobierno. Como no se llegó a un acuerdo, el centenario se festejó en los dos años.


La revolución de 1825

En el orden internacional hay dos hechos que van a estimular y favorecer la revolución de 1825. Por un lado se produce la derrota final de las últimas fuerzas españolas que aún permanecían en Sudamérica, en la batalla de Ayacucho (9 de diciembre de 1824). Se aseguraba así el fin del dominio español, ya que era impensable la posibilidad de una reconquista hispánica sobre sus ex-colonias, sobretodo porque era claro que Inglaterra no estaba interesada en que eso ocurriera. Por lo tanto España ya no podría reclamar ningún derecho sobre el territorio de la Provincia Oriental y los orientales debían decidir si seguían perteneciendo a Brasil o si cambiaban esa situación.

El otro hecho significativo tenía que ver con la organización de las Provincias del Río de la Plata. Tras varios años de desorden y luchas entre las provincias, en diciembre de 1824 se instaló en Buenos Aires el Congreso Constituyente con el objetivo de redactar una constitución y crear un gobierno para todas las provincias que habían sido parte del Virreinato del Río de la Plata. El Congreso Constituyente aprobó en enero de 1825 una Ley Fundamental que establecía que el Congreso se encargaría de los problemas de interés común a todas las provincias y se encomendaba provisoriamente al gobernador de Buenos Aires el Poder Ejecutivo de las Provincias Unidas (hasta que se aprobara la constitución definitiva).

Este acontecimiento tenía consecuencias sobre la situación de la Provincia Oriental. La dominación portuguesa y brasileña sobre la provincia había sido posible por la desunión de las provincias del Río de la Plata, pero estas nunca habían creído que aquel dominio fuera definitivo y esperaban ver a la Provincia Oriental de vuelta a su seno. Alejado Artigas de la zona, Buenos Aires ya no veía a los orientales como un peligro y las provincias del litoral seguían viendo a la provincia oriental como otra de ellas. Además la presencia brasileña en el Río de la Plata se veía como un peligro.

Los exiliados orientales que estaban en Buenos Aires se reunían en el comercio de Luis Ceferino de la Torre o en los saladeros de Pedro Trápani preparando la insurrección. Entre otros asistían a esas reuniones Juan Antonio Lavalleja, Manuel Oribe, Manuel Lavalleja, Pedro Trápani, Simón del Pino, Pablo Zufriateguy, Atanasio Sierra y Manuel Freyre.

Los revolucionarios hicieron dos tipos de gestiones: unas en Buenos Aires para obtener armas y dinero; otras en la Provincia Oriental para obtener gente que apoyara el movimiento asegurándose una participación masiva en la insurrección armada.

En Buenos Aires hubo apoyo de la población; el gobierno no se comprometía públicamente para evitar una guerra prematura con Brasil, pero permitió las reuniones “secretas” y aportó dinero.

En la Provincia Oriental se obtuvo el apoyo de pequeños caudillos que se comprometieron a proporcionar caballos y conseguir gente para la lucha. Pero fracasó el intento de obtener la adhesión del caudillo principal en la campaña: Fructuoso Rivera, quien ocupaba un puesto de importancia dentro del gobierno brasileño en la Provincia Oriental.

En abril de 1825, completados todos los preparativos, se inició la Cruzada, cuya jefatura correspondió a Juan Antonio Lavalleja. Se cruzó el Río de Uruguay desde Buenos Aires en dos etapas y finalmente el día 19 de abril desembarcaron en una zona conocida como La Agraciada, en el actual departamento de Soriano. Luego de desembarcar, Lavalleja con el resto del grupo, pronunció el célebre juramento de liberar la Patria o morir en el intento, enarbolando la bandera tricolor, con la leyenda central de “Libertad o Muerte”. El grupo que desembarcó era pequeño, 33 hombres de acuerdo a la tradición; pero en territorio oriental se fueron sumando más. Diez días después del desembarco, en las cercanías del arroyo Monzón, se incorporó Rivera a las fuerzas revolucionarias.

óleo "Juramento de los 33 Orientales", de Juan Manuel Blanes
Desde el desembarco y hasta mediados de junio de 1825, los territorios liberados fueron gobernados “de facto” por el principal jefe militar, Juan Antonio Lavalleja. Este tuvo que resolver los problemas que necesitaban urgente tratamiento y darle una mínima organización al territorio, por ejemplo crear una comisión de hacienda, una receptoría de aduanas y una comisión encargada de hacer gestiones en Buenos Aires para recibir ayuda.

En el mes de mayo Lavalleja envió una comunicación a los cabildos de las principales ciudades de la provincia ordenando que se eligiera un delegado para formar un Gobierno Provisorio.

Se eligieron delegados por seis departamentos: Colonia, Maldonado, Canelones, San José, Soriano y Durazno. El 14 de junio quedó instalado el Gobierno Provisorio en la ciudad de Florida, siendo presidido por Manuel Calleros. Entre las primeras medidas que tomo este gobierno, se destaca la convocatoria a elecciones para formar una sala de Representantes que actuaría como poder legislativo.

Se realizaron las elecciones y el 20 de agosto comenzó a funcionar la Sala de Representantes que se mantuvo hasta que fue disuelta por Lavalleja en octubre de 1827. 


Las leyes del 25 de agosto

A iniciativa de Carlos Anaya la Sala de Representantes decidió anular la incorporación de la Provincia Oriental a Brasil. En la sesión del día 25 de agosto de 1825 se aprobaron tres leyes que eran fundamentales por que establecían la decisión de los orientales sobre qué estado integrarían en el futuro.
Declaración de la independencia. óleo del pintor uruguayo Eduardo Amézaga.
  • La ley de independencia: consta de dos partes. En la primera parte la Sala de Representantes declara la nulidad de todos aquellos actos por los cuales los gobiernos anteriores de la provincia habían aceptado, bajo el uso de la fuerza, incorporarse a otros estados. En la segunda parte declara que la Provincia Oriental reasume sus derechos y libertades y se declara “de hecho y de derecho” libre e independiente de Portugal, Brasil o cualquier otro poder. De esta manera se anulaba la incorporación de la Provincia realizada por el Congreso Cisplatino en 1821.
  • La ley de unión: establece que la Sala de Representantes, representando la voluntad de los orientales, declara la unión de la Provincia Oriental a las Provincias unidas del Río de la Plata, o sea que la Provincia Oriental quiere ser parte de aquellas.
  • La ley de pabellón: establece el uso de la bandera tricolor usada por los 33 al desembarcar (y que retomaba los colores de las banderas artiguistas) hasta que se admitiera a la provincia dentro de las Provincias Unidas, pasando entonces a usar la bandera de estas.


Las Provincias Unidas del Río de la plata se enfrentan a Brasil

El gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata había prestado ayuda al movimiento revolucionario en forma indirecta. Los triunfos orientales en Rincón y Sarandí y la ley de unión votada por la Sala de Representantes, decidieron al Congreso de las Provincias Unidas a considerar a la Provincia Oriental como una de ellas. Esto se hizo a través de la llamada “ley de reincorporación” aprobada el 24 de octubre de 1825, que reconocía a esta provincia como integrante de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Al hacerlo desconocía la autoridad que Brasil decía tener sobre la Provincia Oriental; era, de hecho, la declaración de guerra a Brasil. Este, que ya había protestado reiteradamente ante Buenos Aires acusándolo de favorecer a los rebeldes orientales, declaró la guerra el 10 de diciembre. Esto no tomó de sorpresa a las Provincias Unidas que desde mayo había comenzado a reforzar los ejércitos sobre el Río Uruguay.

En enero de 1826 las fuerzas de las Provincias Unidas ingresaron a territorio oriental y los hombres dirigidos por Lavalleja se unieron a ellas. A partir de este momento la guerra ya no era entre los rebeldes orientales y el Brasil sino entre este y las Provincias Unidas del Río de la Plata

A partir de la batalla de Ituzaingó, el gobierno de Brasil, temeroso de una invasión más profunda a su territorio y con graves problemas internos para resolver, se mostró más dispuesto a negociar. 


Gestiones de paz

El presidente Bernardino Rivadavia envió a Manuel José García a Río de Janeiro con instrucciones que indicaban que debía llegarse a la paz sobre la base del reconocimiento de los derechos argentinos sobre la Banda Oriental, o bien de la independencia de la misma. García firmó un tratado que luego sería conocido como "el tratado deshonroso", ya que en él la Argentina aceptaba que Brasil ocupara nuevamente las Misiones Orientales y la totalidad de la Provincia Oriental reconociéndolas bajo soberanía del Imperio; también se comprometía a desarmar la isla Martín García, y a pagarle al Brasil una indemnización en metálico por cada presa que hubiesen hecho los buques corsarios de su servicio, a cuyos actos se los calificaba de «piratería».

A su regreso a Buenos Aires, el 20 de junio, García presentó la Convención al Presidente y al Congreso. La opinión pública reaccionó indignada, se publicaron en los periódicos artículos muy violentos contra el gobierno, y la ciudad se cubrió de panfletos ofensivos contra García, Rivadavia y Ponsonby. Presionado de este modo Rivadavia, se presentó ante el Congreso con un virulento discurso exigiendo el rechazo del tratado:
"Un argentino debe perecer mil veces con gloria antes de comprar su existencia con el sacrificio de su dignidad y de su honra".
Finalmente la Convención fue rechazada, pero igualmente Rivadavia sufrió el costo político del pacto, renunciando el 26 de junio, siendo sucedido por el federal bonaerense Manuel Dorrego, quien asumió el 13 de agosto de 1827. Desde el principio, éste declaró que estaba dispuesto a continuar la guerra, por lo que la conflagración prosiguió.

Estos cambios en territorio argentino repercutieron en la Provincia Oriental. La caída del unitarismo fortaleció a Lavalleja, tanto en lo militar como en lo político, asumiendo la totalidad del poder al disolver a la Sala de Representantes de tendencia unitaria.

Juan Antonio Lavalleja
El fortalecimiento de Lavalleja tiene una enorme importancia porque va a gravitar sobre las negociaciones de paz. Influido por Pedro Trápani, quien a su vez estaba muy vinculado a Lord Ponsomby, Lavalleja fue analizando la posibilidad de la independencia de la Provincia Oriental. Trápani a través de una intensa correspondencia, aconsejaba a Lavalleja que esa era la mejor solución. No se sabe hasta donde la idea fue concebida por Trápani y hasta donde fue realmente Lord Ponsomby el inspirador. Este en la correspondencia mantenida con Canning se volcaba a favor de la independencia como forma de terminar con el conflicto.

En una de esas cartas, Lord Ponsomby expresaba:
“... La Banda Oriental contiene la llave del Plata; su población está animada por un fuerte sentimiento nacional; le desagradan los brasileños y los de Buenos Aires por igual... Los orientales están tan poco dispuestos a permitir que Buenos Aires tenga dominio sobre ellos, como a someterse a la soberanía del emperador de Brasil...”
A fines de 1827 el emperador de Brasil, presionado por los problemas internos (movimientos separatistas), decidió negociar sobre nuevas bases, aceptando como solución la independencia de la Provincia Oriental, siempre que se le asegurara que en el futuro no se uniría a las Provincias Unidas.

Robert Gordon, el embajador inglés en Río de Janeiro notificó de esta vuelta de tuerca a Lord Ponsomby y envió a su secretario, Fraser, para que se entrevistara con Lavalleja, para ver cuál era la opinión de este. Por su parte Trápani, enterado por Lord Ponsomby de la aceptación de Brasil de la independencia oriental, también se entrevistó con Lavalleja para convencerlo que esa era la mejor solución. Trápani aconsejó a Lavalleja que mantuviera el orden dentro de la provincia demostrando capacidad para gobernarse y no iniciar nuevas operaciones militares. Lavalleja dio su conformidad.

Fructuoso Rivera

Sin embargo se iniciaron nuevas operaciones militares sin el consentimiento de Lavalleja. Fructuoso Rivera, que se encontraba en territorio argentino, había presentado ante Dorrego un plan para invadir las Misiones y el sur de Rio Grande y crear un nuevo frente de lucha. Dorrego aceptó el plan. Rivera, que pidió la aprobación de Lavalleja para hacer la invasión y no la obtuvo, decidió actuar por su cuenta. En abril de 1828 invadió las Misiones que quedaron en su poder.

El éxito de la campaña de las Misiones alarmó al emperador brasileño que aceleró las gestiones para llegar a un acuerdo. Pero ahora era Dorrego, designado por las provincias argentinas para que manejara sus relaciones exteriores, quien no estaba dispuesto a aceptar la independencia oriental. Procuró sacar ventaja del triunfo de Rivera en las Misiones y continuar la guerra contra Brasil. Tanto el cómo los jefes federales consideraban que la Provincia Oriental debía ser parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata y no un país independiente (la vieja idea de “la patria grande”).

Pero las gestiones inglesas ya estaban encaminadas hacia la independencia de la P. Oriental y Dorrego necesitaba dinero (el gobierno de Rivadavia había dejado graves problemas financieros) y los préstamos venían de Inglaterra. Presionado por la situación económica y en una posición política que aún no era estable (el apoyo de las provincias era relativo), Dorrego aceptó enviar una delegación a Río de Janeiro para llegar a un acuerdo de paz.


La Convención Preliminar de Paz

Las negociaciones definitivas se realizaron en el mes de agosto de 1828 en Río de Janeiro. Representaron a las provincias argentinas Juan Ramón Balcarce y Tomás Guido, y al gobierno de Brasil el Marqués de Aracaty, Jose Clemente Pereira y Joaquín Olivera. Se realizaron siete sesiones y el 28 de agosto de 1828 se firmó la Convención Preliminar de Paz. Lord Ponsomby no participó directamente de las reuniones pero se había trasladado a Rio para seguir de cerca lo que acontecía en ellas. Aunque no aparecían como firmantes ni garantes, los ingleses estaban “presentes” en la convención de paz. La solución que se daba al conflicto era la que Lord Ponsomby había sugerido: la independencia de la Provincia Oriental creándose un nuevo estado.

Los dos primeros artículos establecían que las P. Unidas y Brasil acordaban declarar a la llamada Provincia Cisplatina o de Montevideo como estado libre e independiente. Los delegados argentinos habían propuesto una independencia temporal, por cinco años, pero esto no fue aceptado por los brasileños.

El artículo 7º estableció que en el nuevo estado se convocaría una Asamblea Constituyente para redactar una Constitución política de la Provincia y ésta, antes de ser jurada, sería examinada por Comisarios de los dos Gobiernos contratantes para el único fin de ver si ella contenía algún artículo que se opusiera a la seguridad de los respectivos Estados.

Se discutió la forma de redactar el texto. Cada una de las partes quería un texto que indicara un derecho anterior exclusivo sobre el territorio de la P. Oriental, y que renunciaba a ese derecho. Se llegó a un acuerdo y se redactaron dos artículos con la misma fórmula, uno para Brasil y otro para las P. Unidas.

Si bien se establecía que el nuevo estado era libre e independiente, se le limitaba en su poder de decisión porque Brasil y las P. Unidas tenían derecho de intervenir en él hasta cinco años después de que entrara en vigencia la constitución.

Se establecía también el abandono del territorio de las Misiones por los ejércitos que las ocupaban.

Finalmente se establecía la libre navegación del Río de la Plata y sus afluentes por el término de 15 años.

La Convención dejaba algunos problemas sin resolver y contenía artículos que podían ser perjudiciales para los orientales:

  1. Era una “convención preliminar”, por lo tanto los firmantes iban a realizar más adelante una definitiva (que nunca se hizo). Por esa razón se dejaban muchas cosas sin resolver (como los límites del nuevo estado) para tratarlos en esa convención final. 
  2. No se establecían los límites del nuevo estado que se creaba; por lo tanto este no tenía una definición concreta de su territorio y debía resolverlo con sus poderosos vecinos, los mismos que “le daban” la independencia.
  3. Se consagraba el derecho a intervenir en los asuntos internos del nuevo país a los dos países firmantes de la convención.
  4. No existía ninguna mención a la voluntad de los orientales. La independencia de la Provincia Oriental aparecía como “un regalo” de Brasil y Argentina.

Las Provincias Unidas y Brasil obtenían la tregua necesaria para enfrentar sus problemas internos y recuperarse. No quedaban plenamente satisfechos porque perdían un territorio, pero los convencía el hecho de que el otro tampoco lo ganara y mantenía la esperanza de recuperarlo en el futuro.

Inglaterra como potencia mediadora obtuvo un éxito completo sin comprometerse oficialmente ya que no aparecía en la convención. Obtenía la paz necesaria para la normalización del comercio.

Pero, además, la creación de un nuevo estado en el Río de la Plata contemplaba los planes ingleses de “política de equilibrio”. Al no quedarse Argentina, ni Brasil, con el territorio oriental, se obtenía un equilibrio entre ambos, y el nuevo país, en medio de los dos grandes, actuaba como “estado tapón”.

Si la Provincia Oriental hubiera pasado a ser parte de las Provincias Unidas, como querían quienes redactaron las leyes del 25 de agosto de 1825, el Río de la Plata pasaba a ser un río interior quedando en manos del gobierno argentino la reglamentación de su tránsito. Al crearse un nuevo estado, el rio quedaba entre ambos y podía ser considerado un río internacional y por lo tanto de libre navegación como quería Inglaterra.

Además la creación de un pequeño estado entre dos vecinos poderosos que aspiraban a su territorio, volcaría a ese pequeño estado a buscar apoyo en otro país, y ese país bien podía ser Inglaterra, que podía tener un importante aliado en esta región de Sudamérica (y sobretodo un puerto como el de Montevideo para resguardar sus barcos y abastecerse).

El proceso de independencia del Uruguay culmina en 1830 con la puesta en práctica de la primera constitución y la primera presidencia: la de Fructuoso Rivera.



Fuentes