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miércoles, 3 de junio de 2015

Alerta nuclear: Al borde de la Tercera Guerra Mundial

Durante la segunda mitad del siglo XX se vivió una de las situaciones más extrañas - y peligrosas - a las que se haya enfrentado la humanidad. Con el desarrollo de las armas nucleares y su producción en masa por parte de dos superpotencias enfrentadas surgió un nuevo orden mundial. No era la primera vez que dos potencias se enfrentaban por conseguir la hegemonía, sin embargo esta vez había una diferencia fundamental. La posesión de un arsenal nuclear de grandes dimensiones garantizaba que un enfrentamiento directo entre las dos no acabaría con un bando vencedor, sino con dos perdedores. Bueno, y con el mundo literalmente destruido. El desarrollo de la estrategia de la destrucción mutua asegurada implicaba que si alguna de las dos potencias iniciaba un ataque nuclear, la otra sería capaz de responder con un contraataque igual de devastador, lo que garantizaría que tanto el atacante como el atacado - y el resto del mundo - acabarían destruidos.

Esto tuvo el paradójico efecto de limitar los enfrentamientos entre Estados Unidos y la Unión Soviética, pero también implicó que el mundo estuviera en constante peligro de que una acción de alguno de los dos fuera malinterpretado por el otro como el inicio de un ataque, con la consiguiente respuesta nuclear. Hubo varios momentos en los que el mundo contuvo la respiración debido a enfrentamientos que amenazaban con provocar una escalada nuclear, como durante el Bloqueo de Berlín o la Crisis de los Misiles de Cuba. Sin embargo, aunque estas fueron situaciones peligrosas, no fueron las que más, ya que en todo momento los dirigentes de ambas potencias estaban correctamente informados de los movimientos del adversario. Hubo otros momentos en que esto no fue así, y se estuvo, literalmente, a un paso del fin. Estos son algunos de los más graves.

El incidente de la cinta equivocada (Estados Unidos) 

Poco antes de las 9 de la mañana del 9 de noviembre de 1979, los ordenadores del . en Monte Cheyenne, el Mando Nacional Militar del Pentágono y el Mando Alternativo Nacional Militar en Fort Ritchie (Maryland) notificaron súbitamente la existencia de un ataque nuclear soviético masivo de la categoría MAO-3.

Todo el sistema de represalia nuclear se puso en marcha, todas las prealertas se transmitieron, los bombarderos despegaron, la defensa civil llegó a activarse. Sin embargo, los datos procedentes de los satélites y de los radares por línea directa no coincidían, no veían ningún misil soviético mientras los ordenadores aseguraban que había al menos 300 dirigiéndose a toda velocidad hacia los Estados Unidos.

La cordura se impuso y no se produjo ninguna represalia, ni siquiera cuando los ordenadores comenzaron a notificar impactos en el territorio continental de los Estados Unidos A esas alturas, ya era evidente que se trataba de alguna clase de fallo informático. En efecto, unas horas después se comprobó que alguien había introducido inadvertidamente una cinta de entrenamiento como fuente de datos del ordenador central de la red de análisis de amenazas. Se da la circunstancia de que por aquella época se estaba considerando la posibilidad de computarizar completamente el sistema de represalia nuclear, especialmente después que, en unas maniobras "realistas" casi el 50% de la fuerza de los ICBM estadounidenses no despegara debido a problemas de conciencia de los operadores de los silos. Este incidente sirvió para cancelar los proyectos previstos de automatizar completamente el sistema de respuesta nuclear

Estos hechos trascendieron vagamente a la opinión pública y dieron lugar a la famosa película Wargames (Juegos de Guerra, 1983).

El incidente del chip defectuoso (Estados Unidos) 

El 3 de junio de 1980, menos de un año después del anterior, los centros de mando norteamericanos recibieron otro aviso de que había un ataque nuclear soviético en marcha. Sin embargo, esta vez el ataque no parecía obedecer a ninguna lógica consistente, y además a veces los ordenadores decían que había 200 misiles soviéticos en el aire, luego que ninguno, luego otra vez que 200, y las cifras no coincidían en los distintos puestos de mando.

Afortunadamente, el hecho de que los misiles aparecieran y desaparecieran, que no se detectara lo mismo en todas las pantallas y el patrón de lanzamientos hizo que los responsables no se lo tomaron tan en serio y tras prestar atención a los datos directos de los radares y los satélites, vieron que no había ningún ataque en curso. Dedujeron que era un fallo del sistema, y la alerta fue cancelada a los 3 minutos y 12 segundos.


El NORAD dejó el sistema sin ningún cambio para intentar que se reprodujera el error y poder detectar la causa. Tres días después, volvió a pasar lo mismo y se pudo rastrear el origen en un chip defectuoso que costaba 46 centavos.

El incidente del equinoccio de otoño (URSS) 

Tiene lugar el conocido como "Incidente del Equinoccio de Otoño", que coloca al mundo al borde de una Guerra Termonuclear total, cuando a las 00.14 (hora de Moscú) un satélite soviético alerta que un misil balístico intercontinental estadounidense ha sido lanzado desde la base de Malmstrom, en Montana (EE.UU.), y en 20 minutos alcanzará la U.R.S.S.

El teniente coronel Stanislav Petrov, del GRU (inteligencia militar soviética), en esos momentos al mando de Serpukhov-15 (centro de mando de la inteligencia militar soviética desde donde se coordina la defensa aeroespacial rusa), piensa que se trata de un error, ya que nadie ataca con un sólo misil. Poco después los ordenadores indican que cuatro misiles más se dirigen hacia la URSS. Petrov piensa que éste puede estar equivocado, así que considera de nuevo que son muy pocos misiles, cinco, cuando EE.UU. tiene miles de misiles nucleares., Así entonces decide esperar para dar la alarma.

El sistema ruso de satélites de alerta temprana OKO funciona de manera distinta al estadounidense. Mientras el estadounidense enfoca directamente al suelo, el ruso tiene una órbita especial, similar a la de los satélites de telecomunicaciones Molniya, que enfoca a la línea del horizonte, para detectar a los misiles conforme asciendan sobre la misma. A este tipo de órbitas polares, que se aproximan bastante a la Tierra en el hemisferio sur y se alejan de ella en el Norte, se les denomina genéricamente "órbitas Molniya". De esta manera, con un solo satélite se puede cubrir mucho más espacio y además es más difícil que reflejos o artefactos propios de la superficie o de la atmósfera terrestre produzcan falsas alarmas. Este método es mejor, más económico, más ingenioso y más difícil de inutilizar que el estadounidense.

Sin embargo, el 26 de septiembre de 1983, sólo 25 días después del derribo del Jumbo surcoreano por las Fuerzas Aéreas Soviéticas, con la dirigencia de la URSS aún convencida de que se trataba de un avión espía o de "tanteo de defensas", los satélites OKO detectaron súbitamente el lanzamiento de numerosos ICBM norteamericanos contra la Unión Soviética. Nada de análisis de los ordenadores: los satélites detectaban genuinas trazas térmicas de alta temperatura ascendiendo sobre el horizonte, y los ordenadores identificaron cinco de ellas como correspondientes a misiles balísticos intercontinentales Minuteman sin duda alguna.

Tte. Cnel. Stanislav Petrov
Pues pese a todas estas evidencias, el teniente coronel Stanislav Petrov, mantuvo la sangre fría y se negó a dar la alerta. Cuando le preguntaron después por qué no lo hizo, contestó simplemente: "la gente no empieza una guerra nuclear con sólo cinco misiles".

Resulta que aquel día se había producido una rara conjunción entre la red de satélites OKO, la Tierra y el Sol, coincidiendo con el equinoccio de otoño: el Sol se elevó sobre el horizonte en un ángulo tal que coincidía con el área tangencial de cobertura de todos los satélites que vigilaban los campos misilísticos norteamericanos, y esto produjo en sus sensores señales térmicas espurias. Este efecto estaba previsto por los diseñadores del sistema, pero no está claro si Petrov era conocedor del mismo o no.

El incidente del cohete noruego (Rusia) 

Al amanecer del 25 de enero de 1995 los noruegos -país miembro de la OTAN- lanzaron un cohete suborbital noruego-estadounidense para el estudio de las auroras boreales y otros fenómenos electromagnéticos de altas latitudes llamado Black Brant XII, con apogeo a 930 km de altitud. Noruega tiene un pequeño programa espacial propio de tipo científico, pero este cohete era de largo el más grande que habían lanzado nunca, y de hecho tenía dimensiones parecidas a las de un ICBM, con lo que su reflexión radárica y su marca térmica debían ser parecidas. El gobierno noruego ha defendido siempre que notificaron el lanzamiento a Rusia con antelación, pero en el caos social, político y económico que se vivía en la Rusia de Boris Yeltsin es probable que esta notificación no alcanzara a sus destinatarios. Entre ellos, precisamente, el Departamento de Observación del Centro de Seguimiento de Lanzamientos Espaciales del GRU en Serpukhov-15 y el Mando de las Fuerzas Espaciales en Moscú.

Black Brant XII
Este lanzamiento -que pasaba lejos de las fronteras rusas- fue inmediatamente detectado por los satélites OKO y los radares de descubierta de largo alcance LPAR y Duga y Daryal y hasta por muchos radares de la defensa antiaérea convencional. Probablemente los ordenadores de Serpukhov-15 debieron catalogarlo inmediatamente como un posible ataque, y efectivamente dos minutos después toda la fuerza nuclear rusa estaba en prealerta, con los planificadores de guerra reasignando blancos para aniquilar Noruega. No obstante, conforme los satélites y los radares confirmaban que no había más lanzamientos y que la trayectoria del cohete no coincidía con un lanzamiento contra Rusia, el proceso de represalia quedó suspendido. En torno al tercer minuto los especialistas de inteligencia espacial de Serpukhov-15 y de Moscú ya sabían con toda certeza que no estaban asistiendo al compás de apertura de la Tercera Guerra Mundial. No obstante, y hasta que se intercambiaron las explicaciones oportunas, el sistema permaneció en pre-alerta (unas 48 horas).

De todos los incidentes que han estado a punto de desencadenar una guerra termonuclear, éste es el único en el que había un cohete en el aire, si bien no era un misil balístico ni tenía carácter militar alguno.

El lanzamiento de un misil civil y de uno nuclear, especialmente durante el inicio de su trayectoria, parecen lo mismo, dijo Anatoly Sokolov, jefe de las fuerzas de radares rusos, que recuerda el incidente del cohete noruego como un ejercicio no planeado, fuera de calendario. “Todos estuvimos bajo mucho estrés”, reconoció. La cadena de reacciones provocadas por el Black Brant XII recordó otros episodios insólitos que jaquearon el sistema defensivo ruso. Por ejemplo, el del joven alemán Mathias Rust que en 1987 aterrizó con su aeroplano en el corazón de la Plaza Roja de Moscú, sacudiendo los cimientos de la jerarquía soviética. El caso del misil noruego muestra aristas aún más peligrosas: se trata de un error con armas nucleares en las cuales la toma de decisión debe realizarse en cuestión de minutos. Un día después del incidente con el Black Brunt XII, Boris Yeltsin anunció que por primera vez había usado el maletín nuclear. En su momento se creyó que era una bravuconada y una forma de desviar la atención mundial de la debacle en la guerra de Chechenia. Hoy se sabe que no mintió: sólo dijo una peligrosa verdad.

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