lunes, 2 de febrero de 2015

La batalla de Stalingrado

La decisiva batalla de Stalingrado, entre el 23 de agosto de 1942 y el 2 de febrero de 1943, fue uno de los hitos más importantes de la Segunda Guerra Mundial. Más, a partir de ese momento, al que se sumó más tarde la batalla de miles de tanques y tropas rusas en Kursk, signó la derrota definitiva de Alemania, que empezó a retroceder hasta quedar apretada en su propio territorio.

La batalla de Stalingrado fue un enfrentamiento bélico entre el Ejército Rojo de la Unión Soviética y la Wehrmacht de la Alemania nazi y sus aliados del Eje por el control de la ciudad soviética de Stalingrado, actual Volgogrado, entre el 23 de agosto de 1942 y el 2 de febrero de 1943. La batalla se desarrolló en el transcurso de la invasión alemana de la Unión Soviética en el marco de la Segunda Guerra Mundial. Con bajas estimadas en más de dos millones de personas entre soldados de ambos bandos y civiles soviéticos, la batalla de Stalingrado es considerada la más sangrienta de la historia de la humanidad. La grave derrota de la Alemania nazi y sus aliados en esta ciudad significó un punto clave y de severa inflexión en los resultados finales de la guerra y representa el principio del fin del nazismo en Europa, pues la Wehrmacht nunca recuperaría su fuerza anterior ni obtendría más victorias estratégicas en el Frente Oriental.

La ofensiva alemana para capturar Stalingrado comenzó a finales del verano de 1942, en el marco de la Operación Azul o Fall Blau, un intento por parte de Alemania de tomar los pozos petrolíferos del Cáucaso. Un masivo bombardeo de la Luftwaffe redujo buena parte de la ciudad a escombros, mientras las tropas terrestres del Eje debían tomar la ciudad edificio por edificio, en lo que ellos denominaron «Rattenkrieg» ('guerra de ratas'). A pesar de lograr controlar la mayor parte de la ciudad, la Wehrmacht nunca fue capaz de derrotar a los últimos defensores soviéticos que se aferraban tenazmente a la orilla oeste del río Volga, que dividía la ciudad en dos. En noviembre de 1942 una gran contraofensiva soviética embolsó al 6º Ejército Alemán del general Paulus dentro de Stalingrado, no logrando escapar del cerco por la negativa de Hitler a renunciar a la toma de la ciudad. Este cerco, llamado por los alemanes «Der Kessel» ('el caldero'), significó el embolsamiento de 250 000 soldados, debilitados rápidamente a causa del hambre, el frío y los continuos ataques soviéticos. Los constantes fracasos alemanes por intentar romper el cerco harían, contra las órdenes de Hitler, que Friedrich Paulus rindiera su 6º Ejército.


La derrota alemana en Stalingrado confirmó lo que muchos expertos militares sospechaban: las fuerzas alemanas no eran lo suficientemente poderosas en logística de abastecimiento como para mantener una ofensiva en un frente que se extendía desde el mar Negro hasta el océano Ártico.20 Esto se confirmaría poco después en el nuevo revés que Alemania sufriría en la batalla de Kursk. El fracaso militar convenció a muchos oficiales de que Hitler estaba llevando a Alemania al desastre, acelerándose los planes para su derrocamiento y dando como resultado el atentado contra Hitler de 1944. La ciudad de Stalingrado recibiría el título de Ciudad Heroica.

En la noche del 13 de julio de 1942, Stalin convocó al Kremlin a Giorgi Zhukov, designado dos meses antes subcomandante del Ejército Rojo, sólo por detrás del Jefe Supremo, y le ordenó que expusiera el plan que había elaborado sobre la situación de Stalingrado y el Frente Sur.  Zhukov señaló –con la presencia del General V. Vasilensky, jefe del Estado Mayor General- que era necesario profundizar la retirada de largo alcance que realizaba el Ejército Rojo frente al Grupo de Ejércitos B del Tercer Reich (Kluge), tras su reciente triunfo en Crimea y la captura de Sebastopol (Manstein), y hacerlo a lo largo de 1.200/1.400 kilómetros, hasta llegar al Volga, en la zona de su mayor proximidad con el río Don, a la altura de la ciudad de Stalingrado.

Georgi Zhukov
Allí, el 62° Ejército (Chuikov) debía dar media vuelta, atrincherarse, y obligar a los alemanes a concentrar la totalidad de las fuerzas de choque del Grupo B, que eran el 6° Ejército (Paulus) y la mitad del 4° Panzer (Hoth), en una batalla de desgaste que debía durar no menos de 45 días. Las fuerzas que debían utilizarse en la defensa de Stalingrado eran “las mínimas indispensables”, y debían actuar con un criterio de enorme simplicidad: “Ni un paso atrás”. Zhukov agregó que en la medida en que el 6° Ejército concentrara sus recursos de choque en Stalingrado, aumentaría la extensión de sus flancos, y en igual medida su vulnerabilidad.

Señaló que lo esencial en la batalla que proponía desencadenar no era la defensa de la ciudad, sino la concentración de fuerzas y recursos del Ejército Rojo que debía realizarse al Norte y al Suroeste de la capital del Volga, para desencadenar desde allí una contraofensiva de pujanza abrumadora en un plazo no mayor de 45/60 días. El objetivo no era resistir en la ciudad, sino modificar la situación estratégica del Sur de Rusia, y ante todo recuperar la iniciativa.

Zhukov concentró 8 ejércitos, incluyendo 4 de tanques, en el perímetro de Stalingrado, con un total de 680.000 hombres, 860 blindados pesados (T-34) y 6.500 obuses de 105 y 155 mm., además de 2.000 cohetes Katiushas. La concentración de fuerzas abarcaba 40% de la artillería del Ejército Rojo, y disponía de 45% de los blindados.

El 6° Ejército contaba con 18 divisiones, entre ellas los 4 blindados del 4° de Panzers; y tenía el respaldo irrestricto de la 4° Flota de la Luftwaffe (Richthofen), con 1.200 aviones de combate, la más poderosa fuerza aérea de la Segunda Guerra Mundial en ese momento.

El 62° Ejército soviético estaba integrado en septiembre por 40.000 hombres, que en octubre, tras 30 días de combate, se habían reducido a 20.000. Al concluir el mes de lucha, los alemanes controlaban 90% de la ciudad, y los hombres de Chuikov mantenían en sus manos sólo una franja de 1,5 kilómetros de extensión sobre el Volga, de 400/800 metros de ancho.

Los puntos principales de la defensa eran tres: el montículo de Mamae Turgan, la estación central de ferrocarril y el embarcadero en el Volga. Los dos primeros cayeron y fueron retomados 8/10 veces. El último nunca fue capturado por las fuerzas del Tercer Reich.

El mando alemán lanzó el asalto final el 13 de septiembre, con 3 divisiones Panzer y 4 de infantería. Esa noche, cuando el derrumbe de la defensa soviética era inminente, cruzó el Volga la 13° división de Guardias (Rodimtsev), que se lanzó sobre la marcha contra Mamae Turgan y el ferrocarril, que habían sido tomadas por los alemanes, y logró recuperarlas. La 13° división tenía 10.000 hombres el 13 de septiembre, y le restaban 320 al concluir la batalla. Rodimtsev había sido el principal asesor soviético en la Batalla de Guadalajara (España, 1937), en la que fue derrotado el “Cuerpo de Voluntarios Italianos”, enviado por Mussolini.

El 11 de noviembre, exhaustas las tropas y restringidas las municiones, el asalto alemán se frenó, tras 86 días de combates. El 19 de noviembre, Stalin y Zhukov desataron el contraataque soviético, a través de dos pinzas blindadas que aplastaron al 3er. Ejército rumano en el Norte, y destruyeron a las divisiones italianas y húngaras que ocupaban el flanco Sur. En 3 días, los blindados del Ejército Rojo capturaron el cruce de Kalach y cerraron el cerco del 6° Ejército.

En Stalingrado fueron capturados 220.000 soldados de 18 divisiones alemanas y 2 rumanas, y 80% de la artillería de campaña del ala sur del Tercer Reich. El mando alemán inmovilizó en Stalingrado sus fuerzas de choque, incluyendo las 4 divisiones de elite de blindados; al hacerlo perdió iniciativa, y como consecuencia también la guerra.

Después de Stalingrado, Hitler nunca más recuperó la iniciativa estratégica; y el hitlerismo era una construcción histórica fundada exclusivamente sobre la noción de ofensiva. Esa era su razón de ser. Volcado a la defensiva, forzado a hacerlo, su destino estaba sellado.

Tras el relativo fracaso de la invasión de 1941, que había conseguido importantes conquistas pero había fracasado en su intento de ocupar Moscú y Leningrado, Hitler, incapaz de lanzar en 1942 una ofensiva de igual magnitud, optó por pasar a un ataque limitado en vez de consolidar las anexiones conseguidas.

El ataque se dirigió hacia el sur con la finalidad de acceder al petróleo del Cáucaso. En un principio, la "guerra relámpago" alemana fue un total éxito y las tropas alemanas avanzaron vigorosamente. Sin embargo, hubo un momento en que el ejército alemán se dividió en dos objetivos: ocupar la ciudad de Stalingrado en el Volga, punto clave hacia los Urales, y continuar el avance hacia el sur, hacia el Cáucaso.

Esta división de fuerzas fue fatal ya que las tropas nazis se encontraron con una creciente resistencia soviética. Hitler decidió concentrarse en ocupar la ciudad que llevaba el nombre del dictador soviético. Una brutal lucha casa por casa llevó al ejército alemán al corazón de la ciudad.

Sin embargo, el ejército de Von Paulus, cada vez más agotado y desmoralizado, no pudo impedir la maniobra envolvente de los soviéticos. El 23 de noviembre, el VI Ejército alemán estaba totalmente rodeado. Más de un cuarto de millón de tropas alemanas y de otros países aliados del Eje había sido cercadas. Hitler ordenó a Von Paulus continuar la resistencia.

El centro de Stalingrado luego de la batalla
Un aviso le llegó el 30 de enero de parte de Hitler a Paulus: le sugería que se suicidara ya que le había nombrado Mariscal de Campo y bajo las órdenes de Hitler ningún Mariscal se podría entregar vivo al enemigo. Un tanque ruso se acercó al cuartel general de Paulus, en el que venía un intérprete que había sido enviado por Paulus, el mayor Behr. El 31 de enero por la mañana, Paulus se rendía con cerca de 90.000 soldados, los restos de un ejército de 250.000 hombres. Sólo volvieron a Alemania 5.000 supervivientes. Se convirtió en el primer mariscal que capitulara en la historia alemana, desobedeciendo así a Hitler, atenazado por las tropas soviéticas, la falta de alimentos y el frío polar de la estepa rusa, para el que sus tropas no tenían material suficiente en un gesto sin precedentes en la Wehrmacht. El 2 de febrero se rindió el último grupo de soldados alemanes en los escombros de la fábrica de tractores Octubre Rojo, y es la fecha en la que terminó oficialmente la batalla.

Por eso Stalingrado fue la batalla decisiva de la Segunda Guerra Mundial, que marcó su signo y definió su suerte; y también la del mundo en el siglo XX. 

Friedrich Paulus
A Friedrich Paulus también se conoce como von Paulus. En realidad el "von" es falso, ya que es un añadido que no le corresponde al no pertenecer a una familia noble. Este hecho, que le perjudicó en algún momento de su vida, también le hizo más cercano a Hitler, por considerarlo un hombre del pueblo que se había ganado su lugar en el ejército. 
Nacido en 1890, combatió en la Primera Guerra Mundial y durante la Segunda Guerra Mundial alcanzó las máximas responsabilidades en el ejército alemán. En 1942 recibió el mando del Sexto Ejército con el objetivo de liderar el ataque a Stalingrado. Como ustedes sabrán, aquella batalla no fue muy bien para el ejército de Hitler, que acabó sucumbiendo. El 30 de enero de 1943 Hitler nombró a Paulus mariscal de campo, recordándole en ese momento que ningún mariscal de campo alemán había sido nunca capturado vivo. Es decir, invitándole a morir en combate o incluso a suicidarse antes de rendirse. 
Una petición como esa es complicada de cumplir y tan sólo un día después, el 31 de enero de 1943, Paulus se rindió a los rusos. Estuvo preso 10 años, aunque posiblemente su vida en prisión fue mejor que la que habían vivido y finalmente perdido miles de sus hombres en Stalingrado. Tras ser liberado, vivió en Alemania Oriental hasta su muerte en 1957. 
Las palabras del propio Hitler cuando conoció su rendición a pesar de haberlo nombrado mariscal del campo no dejan dudas sobre qué pensaba el líder nazi de Paulus.
"No logro comprender que alguien como él no prefiera la muerte. Esa clase de gente diluye el heroísmo de muchos miles de hombres. Una mujer puede pegarse un tiro ¡y un soldado es incapaz! Lo que más me duele es que acabo de nombrarlo mariscal de campo. Me parecía bien concederle esa última alegría. Es el último que nombro. ¡De veras que no lo comprendo! Que tantos hombres tengan que morir, y luego sale un tipo así, sin agallas, y en el último minuto ensucia la heroica reputación de todos los otros." 
Paulus fue hecho prisionero por los soviéticos. Durante su cautiverio, criticó al régimen nazi y se unió al Comité Nacional por una Alemania Libre, pidiendo a los alemanes la rendición. Actuó como testigo en 1946 durante los Juicios de Núremberg. 
Liberado definitivamente por los soviéticos en 1953, dos años antes de la repatriación de los últimos prisioneros de guerra alemanes, vivió en la ciudad de Dresde (entonces Alemania Oriental); un par de años después de su liberación, ejerciendo como jefe civil del «Instituto de Investigación Histórica Militar» de la RDA, ocupación que tuvo hasta el fin, desarrolló parálisis bulbar progresiva, una forma de esclerosis lateral amiotrófica, que le causó la muerte en una clínica de Dresde el  1 de febrero de 1957.
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