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jueves, 3 de diciembre de 2015

3 de diciembre de 1967 - En Sudáfrica, el equipo del cirujano Christiaan Barnard realiza el primer trasplante de corazón de la historia.

"El sábado era un cirujano muy poco conocido en Sudáfrica. El lunes ya tenía renombre internacional". Así evocaba el doctor Christiaan Neethling Barnard un fin de semana de 1967, cuando se convirtió en el primero en realizar un trasplante de corazón en un ser humano.

Hoy, hablar de un trasplante de corazón no supone mayor asombro, pero en ese año,  el mundo quedó con la boca abierta cuando en Sudáfrica se realizó la primera cirugía de trasplante cardíaco exitosa.

En 1967 el cirujano sudafricano Christiaan Barnard, de 44 años, y jefe del departamento de cirugía torácica, realizó por primera vez un transplante de corazón humano, hecho que causó sensación en todo el mundo. El paciente sobrevivió a la operación, aunque murió 18 días después a causa de una infección.

 En la noche del 3 de diciembre de 1967 ingresó en el hospital Groote-Schuur una paciente de 24 años, que se llamaba Dense Darvall, como consecuencia de gravísimas heridas en la cabeza al ser atropelladas ella y su madre por un vehículo (su madre murió en el acto).  El corazón de esta joven era la última esperanza de vida para Louis Washkansky, diabético, hombre corpulento y optimista, de 54 años, que ya había sufrido tres ataques cardíacos y le quedaban ya pocas semanas de vida, por lo que accedió a someterse a una operación de transplante. De madrugada, cuando el cirujano confirmaba la muerte de la joven, Washkansky fue trasladado al quirófano y anestesiado.

Christiaan Neethling Barnard
Los médicos habían conectado a la joven a un corazón-pulmón artificial y habían enfriado su cuerpo a 28ºC. A continuación la habían estrangulado la aorta, de manera que solo el corazón sería enfriado a una temperatura de 16ºC. La extracción del corazón se realizó solo en dos minutos, y seguidamente fue transportado hasta el quirófano del paciente del transplante en una cubeta con suero fisiológico a 1ºC. Entretanto, Washkansky estaba conectado a un corazón-pulmón artificial y se había iniciado el enfriamiento extracorporal.

Cuando su corazón llegó a la temperatura de 30ºC, se extrajo. Barnard preparó el corazón de la donante y lo transplantó en el nuevo cuerpo. Primero unió la aurícula izquierda, después la derecha y finalmente las arterias pulmonares. Después empezó el recalentamiento, cuando la temperatura corporal alcanzó 36ºC y unos momentos intensos de espera, un electrochoque restableció el movimiento del ventrículo con una frecuencia de 120 latidos por minuto. La operación duró aproximadamente 3 horas, por lo tanto el corazón de Denise había estado parado durante ese tiempo, un gran riesgo.

Treinta horas después se despierta, ya convertido en el hombre más importante. Dieciocho días más tarde, Washkansky falleció por una infección, el corazón de Denise ha dejado finalmente de latir.

Sólo un año más tarde, seguía siendo muy pocos los pacientes que sobrevivían a la intervención. A esto se unió el debate moral acerca de la determinación de la muerte cerebral del donante, esta fue la causa de que años antes al cirujano James Daniel  se había negado a desconectar la respiración artificial de un posible donante y, en vez de un corazón humano, implantó uno de chimpancé, aunque sin éxito.

El día 2 de enero de 1968 Chirstian Barnard realizó su segundo transplante de corazón a Philip Blaiberg, al que se le había detectado una enfermedad terminal. Blaiberg sobrevivió más de diecinueve meses a la operación, pero finalmente también murió, esta fue otra gran decepción para Barnard.

En 1969, trasplantó un corazón a una mujer que luego vivió 24 años, un verdadero hito, que siguió repitiéndose a medida que las técnicas y medicamentos fueron avanzando. 

Durante el resto de su carrera, Barnard se dedicó al estudio de formas de prevenir o ralentizar el envejecimiento, falleciendo finalmente el año 2001, irónicamente, de un ataque al corazón.

Barnard nunca paró de trabajar y de escribir libros científicos y novelas. Los últimos años de su vida transcurrieron sobre todo en el Centro Médico Bautista de Oklahoma, Estados Unidos, donde intentaba encontrar una forma de detener el proceso de envejecimiento. Siempre generó controversia, por ejemplo cuando se enfrentó a las autoridades sudafricanas por el apartheid o admitió que había practicado eutanasia pasiva en pacientes terminales, incluyendo el caso de su propia madre.


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